Su primera novela publicada fue galardonada con el premio Mauricio Achar Literatura Random House edición 2016.

Intimo

Alejandro Carrillo es un escritor mexicano de 35 años. Vive en la Ciudad de México y ha hecho un poco de todo, desde escribir cómics, guiones de TV y de radio, hasta lo que más le interesa, la literatura. Escribe cuentos, novelas y poesía. Dirige el sitio tintachida.com, una comunidad de experimentos e ideas para dedicarse a la escritura. Es fan de Bob Dylan y es padre de familia. Su primera novela publicada fue galardonada con el premio Mauricio Achar Literatura Random House edición 2016. Es una novela iniciática con influencia de la beat generation, un libro sobre los ídolos, los papás y los ideales a los que nos colgamos para crecer.

Isa Serrato: Antes que nada, en nombre de la revista Nudo Gordiano, quiero agradecerte muchísimo por la entrevista, Alejandro. Comenzamos con ¿Qué fue Alejandro Carrillo antes de ganar el Premio Mauricio Achar edición 2016, que es quizá de los premios más grandes para nuevos autores hispanohablantes?

Alejandro Carrillo: Desde que tenía 13-14 años quería ser escritor y desde esa época decidí clavarme muchísimo en querer dedicarme a escribir. De ahí hasta los 22-23 años me lo tomé muy en serio y de una manera muy obsesiva. Literalmente sólo vivía para escribir y quería tener experiencias densas, raras y sórdidas para después poder describirlas. Y afortunadamente, como a los 22 años me peleé con eso porque no es una manera muy saludable de vivir ni de escribir. A partir de ahí dejé de escribir mucho tiempo. No lo soltaba por completo pero dejé de hacerlo como lo había hecho hasta entonces, hasta que como a los 28 empecé a retomarlo y a escribir la novela «Adiós a Dylan», que me tardé alrededor de 6 años en escribirla.

IS: ¡Increíble!, suena a muchísimo tiempo.

AC: Sí, pero en ese tiempo yo ganaba dinero de hacer páginas web y andaba en crisis existencial porque me daba mucha vergüenza decirlo cuando me preguntaban a qué me dedicaba, porque simplemente nunca había querido hacer eso de mi vida y lo hacía porque no me salían tan mal y supuestamente eso me daba más dinero que si me dedicaba a escribir. Aunque a mí directamente nunca me dijeron que no me dedicara a escribir, me terminé tragando yo solito todos esos ruidos: «encuéntrate un trabajo que te dé dinero», «dedícate a otra cosa». Y como en ese momento tenía ya un hijo de 2 años, –que ahorita ya tiene 6– me costaba trabajo tomar esa decisión. Pero hubo un punto en el que estaba ya muy deprimido y muy en crisis, por lo que decidí dejar todo y dedicarme a lo que siempre he querido hacer. Empecé a dejar lo de los sitios web, empecé a decir que era escritor, empecé a comprometerme, hice el proyecto de «Tinta Chida». Fue muy interesante porque uno tiene la intención –a mi pareja le costaba mucho trabajo asimilarlo porque teníamos un hijo chiquito—pero preocupa de dónde va a salir el dinero. De verdad tenía mucho miedo y además del mío, el de ella, pero afortunadamente al final me aventé y antes de ganar el premio ya estaba cien por ciento dedicado a escribir, o al menos, con esa conciencia de que eso era lo que quería e iba a hacer. A lo mejor, por ahí seguía haciendo un trabajito de vez en cuando de otra cosa pero con la convicción de que la letra era mi oficio y era a lo que me iba a dedicar en la mayor medida posible. Después de eso viene lo del premio y fue como una confirmación justo de que también económicamente tiene mucho más sentido confiar en ti y hacer lo que más te gusta. Nunca había ganado tanto dinero con ningún proyecto más que con esto. Fue la confirmación de que es mucho más bonito arriesgarte, confiar en ti y en lo que más te gusta hacer, y que siempre va a ser más fácil obtener, además de recompensas personales, también económicas, que haciendo cualquier otra cosa que en teoría da más dinero pero en realidad no.

IS: Me comentabas que desde chiquito sabías que ibas a ser escritor, ¿hubo algún momento específico y parte aguas en tu vida que te haya ayudado a tomar esa decisión de dedicarte enteramente a la letra?

AC: Sí, son esos dos momentos. Cuando tenía 15-16 años, que desde ahí dije que quería ser escritor, quiero dedicarme cien por ciento a escribir y luego, después de que lo dejé, cuando lo volví a retomar como a los 28 años. Yo creo que fue cuando me decidí completamente a que quería esto y nada más.

IS: ¿Antes de escribir tu novela ganadora, escribiste alguna otra?, ¿dejaste truncos en el camino?

AC: Sí, he escrito mucho. Muchos cuentos que nunca salieron a la luz. A los 18 escribí una novela muy rara que se llamaba «Aunque sea la mitad», que más bien era como un recuento de mi vida, como si hubiera tomado plazos de mi diario, por decirlo así y desordenarlos. Lo usé y vendí entre mi familia para sacar dinero en esa época que me fui a vivir a Barcelona. Y después a los 21, también escribí otra que era como un diario de viaje de cuando estuve un mes en Marruecos. Pero eran trabajos como que cien por ciento autobiográficos, no había nada de ficción y realmente nunca busqué que se publicaran. Antes de eso incluso, cuando era todavía más chiquito, escribí un texto que se llamaba «Buscando Guayaba», que también se quedó con los demás como experimentos interesantes y chistosos.

IS: Tienes en tu sitio web un texto de descarga gratuita que se llama «A Jesucristo le gusta el reggaeton». El título me parece fenomenal. ¿Nos podrías platicar un poquito sobre el texto?

AC: Desde que salió «Adiós a Dylan», saqué ese para darlo ahí como regalo. Es un libro que es como una compilación de muchas cosas. Tiene algunos poemas, algunos ensayos, algunos cuentos y algunas entradas de blog. También está muy mal editado porque lo hice así como que de rápido y entonces seguramente tiene treinta mil errores. Incluso varios de esos textos ya los he re trabajado y corregido, ahora seguramente están mucho mejor que en esa versión. Pero creo que también es importante compartirlo así tal cual está. Me choca mucho esta idea que tienen muchos escritores, como la que alguna vez un maestro escritor compartió conmigo. Que decía que tenía que tener mucho cuidado y quemar todos los borradores e intentos porque si no en el futuro algún biógrafo los puede encontrar y se puede dar cuenta de que tu trabajo no es perfecto y que puede que no pases a la historia como un escritor de obra impecable. Por el contrario, no me preocupa eso y por eso sigo compartiendo este libro. Algunos de sus textos ya no me enorgullecen tanto, otros sí me enorgullecen todavía, pero técnicamente ya los puedo hacer mejor o ya están mejor hechos. Pero es también parte del proceso que he pasado como escritor y creo que es importante compartirlo.

IS: Ahora toca inevitablemente hablar de «Adiós a Dylan» porque es lo que más te conocemos. ¿Le podrías dar a nuestros lectores una breve sinopsis de qué trata la novela?

AC: Trata de un chavo de 19 años que está obsesionado con Bob Dylan, es su gran ídolo, su gran influencia, su todo. De pronto conoce una chava que se llama igual que la primera esposa de Bob Dylan, Sara, por lo que piensa que es un señal y empieza a trazar paralelismos entre su propia vida y la de Bob Dylan. Sara es el pretexto que él tiene para convertir su historia en una épica, en una de estas novelas románticas, de estas historias de sordidez. Busca como que elevar su, lo que es hasta ahora, una vida muy pobre, muy insignificante. Convertirla en algo más grande a través de la estética que tiene que ver con sentirse dentro de una historia importante. Desde ahí él contempla todo lo que pasa y lo convierte y lo ve como si fuera una gran historia. En el fondo, el protagonista hace un viaje para romper con un montón cosas, un poco con su papá, otro poco con la figura paterna que es Bob Dylan y otro más con su hermano que fallece. Es una novela de iniciación en ese sentido, de cómo el personaje crece para pasar a otra etapa de su vida y cómo tiene que despedirse de muchas cosas.

IS: ¿De dónde surge la idea del argumento?

AC: En ese tiempo, cuando la empecé a escribir, estaba yo estudiando en la SOGEM y tenía una clase de novela, justamente el maestro era Alberto Chimal, –a quien entrevistó Nudo Gordiano el número pasado—. Él nos dijo que pensáramos en una novela que quisiéramos escribir y como proyecto final debíamos entregar los primeros tres capítulos. Desde ese momento, la primera imagen que se me vino a la cabeza fue la de este personaje saliendo del departamento de su novia, escuchando la canción «It’s all over now, baby blue». Y pues, siempre había sido muy aficionado a Bob Dylan, entonces era también el pretexto para clavarme mucho en eso. Entonces de ahí surgió la idea, después esa idea se fue transformando y armando de muchas otras formas.

IS: Me voy a atrever a decir que «Adiós a Dylan» me parece mucho una novela musicalizada, hasta donde entiendo cada capítulo está bajo el nombre de una canción de Bob Dylan. Me parece una idea mucho muy creativa, por lo que me gustaría preguntarte ¿de dónde sale este concepto?

AC: Era una idea muy lógica dentro de la novela porque el personaje está obsesionado con Bob Dylan, por lo que su vida y todo lo ve a través de canciones de él, las palabras de su maestro. Entonces, desde la perspectiva del personaje, era natural que fuera así o más bien no podía ser de otra forma. Ya metiéndome y explorando el mundo del personaje, tenía que ser así de manera definitiva.

IS: ¿Cómo fue ese proceso de musicalización de la novela?, ¿cómo elegiste las canciones?

AC: Fue de diferentes formas. Al principio escogía mis canciones favoritas de Bob Dylan, las que más me inspiraran, las que más me emocionaran. Entonces hice como una especie de playlist antes de que hubiera casi nada escrito y me ponía a escuchar las canciones preguntándome qué podía ver en ese mundo ficticio en el que estaba sumergiéndome. Podía ver cosas de ese mundo, por así decirlo, y ver qué pasaba en la novela. Por otro lado, después había cosas que sin música yo veía, pasaban en ese mundo pero no había una canción que correspondiera, entonces me ponía a escuchar específicamente canciones que temáticamente embonaran con eso que iba a pasar dramáticamente en el capítulo. Entonces en algunas fue que la canción sugirió lo que iba a pasar y en otras, lo que iba a pasar sugirió la canción.

IS: Qué curioso y ¿qué papel tiene la música en la vida de Alejandro Carrillo?

AC: Es muy importante, me gusta bastante. Es una inspiración, es un acompañante, es una manera también de conectarme con el mundo. Me importa mucho, es algo muy querido por mí y mucho tipo de música.

IS: Cambiando un poco de tema, me atrevería a decir que «Adiós a Dylan» es una novela bastante realista, creo que no hay nada fantasioso, todo es creíble. Incluso, creo que es muy leal a nuestra realidad millenial y chilanga. Entonces, ¿todos los textos de Alejandro Carrillo siguen o seguirán este formato?, ¿dirías que estás casado con el realismo o te gusta experimentar con otras corrientes?

AC: No, no estoy casado con ningún género. Más bien esta novela salió así. No pienso antes de escribir en ningún género, simplemente la historia se me va presentando y si de pronto sale algo de ciencia ficción o algo fantástico, eso es lo que escribo. La novela que estoy escribiendo ahora va mucho más por lo fantástico, como una especie de fantasía realista, algo extraño. Pero sí, definitivamente no es realismo ni nada parecido a «Adiós a Dylan».

IS: Ahora, ¿qué rumbos crees que está tomando en tu opinión la literatura contemporánea mexicana? Con estos nuevos autores, como lo eres tú, Aura Xilonen, Luisa Reyes Retana, etc.

AC: Uno muy bueno definitivamente. No sé, pienso ahora que han habido unos meses muy futboleros, que a veces se dice que no hay tan buenos jugadores de fútbol mexicanos, yo creo que al contrario, en el caso de la literatura mexicana, se está llena de muchísimo talento. Yo antes no había leído a tantos autores mexicanos, como que lo primero que leí fueron autores gringos y como que toda mi influencia vino mucho de la literatura gringa o inglesa. Más a recientes años es que he leído a autores mexicanos y cada vez me sorprende más la calidad que tienen sus textos. Creo que va por muy buen camino, creo que hay gente que está haciendo cosas interesantísimas, creo que hay muchísimo talento, creo que el futuro de la letra está en buenas manos.

IS: Esta es una pregunta más personal, pero me parece muy bonita. Me gustaría preguntarte ¿cómo se empata tu vida, siendo padre de familia, con tu vida de escritor?

AC: Se empata a muy duras penas. Se empata con mucho trabajo, con mucha lucha, a gatas y a rastras a veces. Porque ahora tengo otra hija chiquita de año y dos meses y es un caos del que tengo que ir como pueda, tratando de encontrar un horario, momentos para ponerme a escribir. Está por un lado la parte de escribir-escribir y por otra, la de los talleres que doy y la de «Tinta Chida», que no es tanto como lo mío, que es literalmente escribir mis libros, sino otras partes que hay dentro de lo que es vivir de escribir. Entonces es irle robando y acomodando para intentar ser un papá presente, pasar mucho tiempo con mis hijos y a la vez seguir concentrado en mi oficio.

IS: Muy bien y ¿cuáles son tus próximos proyectos? ¿Qué sigue para Alejandro Carrillo?

AC: Esta novela que te contaba, ahí va, voy avanzado y cada vez tengo más claras varias cosas. Es una novela muy distinta, es una especie de descenso a los infiernos muy extraño. La protagonista es una reguetonera de 16 años y hay cosas muy raras. La verdad luego ni sé lo que estoy haciendo, no tengo ni idea de lo que estoy haciendo pero creo que es un buen síntoma de que la cosa está viva y de que por lo menos no me estoy repitiendo. Por ahí estoy escribiendo un libro de cuentos, también, aunque eso va cayendo más de forma aleatoria. Y tengo un par de libros de poemas terminados que estoy empezando a mandar a concursos. A ver qué pasa.

IS: La última pregunta sería ¿qué te gustaría decirle a estos jóvenes autores que tienen ansia de escribir?, ¿qué consejo les darías?

AC: Que escriban de cosas que, aún dentro de la ficción, no necesariamente siendo autobiográficos, tengan que ver con ellos mismos. Que escriban de cosas que de verdad les duelen y les importan. Que no escriban de ideas, es de flojera leer ideas y leer conceptos. Si escriben de esa herida que de verdad les duele y les apachurra y los revuelve y los voltea y todo el tiempo está presente en su vida y les arde, si escriben de eso, aunque no tengan la mejor técnica, van a escribir algo importante y trascendental para ellos. Y que probablemente, aunque todavía no tengan el máximo nivel literario muy seguramente van a conectar con otras personas.

IS: ¡Muy bonita respuesta! Bueno, muchas gracias por tu tiempo, Alejandro. Aquí termina la entrevista.

AC: Muchas gracias a ti, al contrario. Mucho gusto.

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