Nuevo año, misma yo

Lo que sí llega el primero de enero es un nuevo llamado a la aventura.

Es como si todos los primeros de enero colocáramos piloto automático para comenzar nuestro propio viaje del héroe.

Nos volvemos predecibles, como las películas de Marvel, como los chick flicks, como el mismísimo viaje del héroe de John Campbell.

Así es como hacemos de cada año un loop en donde intentamos convertirnos en nuestro propio ídolo.

Pero ¿por qué seguimos con la misma lista de hace cuatro años? ¿en dónde se rompe todo?  ¿en qué momento se botan las membresías del gimnasio?¿cuándo cerramos el primer libro de la lista? ¿cuál es la línea de decline en el año?

Pareciera que la luz del año nuevo crea una esperanza cegadora, que vamos a despertar el primero de enero y vamos a ser la versión que siempre quisimos de nosotros.

Dicen por ahí: “nuevo año, nuevo yo”.

Y es esa negación al “viejo yo” la que, sin querer, nos encierra en un año que lejos de ser próspero se vuelve nuestra propia odisea.

Porque al final en nuestro intento por ser héroes, negamos que también somos villanos, que dentro de nosotros hay un ser imperfecto que se equivoca, que no toma siempre las mejores decisiones, que a veces nos pone el pie, que cumple unas metas y otras no, que se deja llevar por los placeres, que puede hacerse feliz, pero que también es héroe aún cuando no puede serlo.

Y es eso justo lo que nos cambiará el viaje del héroe, por el viaje del yo, ese yo imperfecto que por soberbia, no terminamos de aceptar, pero que existe y por “desgracia” no se va el primero de enero.

Lo que sí llega el primero de enero es un nuevo llamado a la aventura. Para unos viene cada año, para otros cada lunes o cada que algo les mueva. El punto es que cada cierto tiempo, la vida nos da la oportunidad de reescribir nuestra historia del héroe, de reinventar a ese ídolo.

Así que este año volvámoslo más comprensivo, más amoroso, cambiemos su viaje, hagámoslo ganar de diferentes maneras, abrazado al villano, donde no le tenga miedo al reflejo, para intentarlo de nuevo, para caer parado, para cambiar el discurso, para reconciliarte con el que, aunque imperfecto, quiere un año bueno.

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