Alberto Chimal es uno de los escritores mexiquenses más reconocidos en la actualidad.

Mirada personal

Alberto Chimal es uno de los escritores mexiquenses más reconocidos en la actualidad. Su dinamismo literario le ha dado relevancia en géneros distintos, como novela, cuento e incluso microficción. La combinación de su prosa poco usual y su fuerte presencia en línea, a través de una página web con un concurso mensual de microficción y un canal de YouTube con consejos y notas literarias, lo han convertido en un referente en la literatura mexicana contemporánea.

En esta entrevista, Brian Mendoza conversa con Alberto Chimal en un tono casual y toca temas como sus estudios universitarios, su labor social como divulgador literario y su próximo libro, Manos de Lumbre (Páginas de Espuma, 2018).

Brian Mendoza: Buenas tardes, Alberto. Mi nombre es Brian Mendoza y esta entrevista es para el segundo número de Nudo Gordiano. ¿Cómo te va?

Alberto Chimal: Hola, Brian, mucho gusto. Muy bien, gracias.

BM: Mucho gusto. Me dio mucho gusto ver que eres del Tec de Monterrey, estudiaste Ingeniera en Sistemas ¿cierto? Y bueno, escribir es una vocación que bien se podría hacer estudies lo que estudies. Sin embargo, me gustaría saber, ¿por qué Ingeniería en Sistemas?

AC: Con toda franqueza fue un poco por asuntos familiares. Desde aquel entonces, ya me interesaba mucho la escritura, pero en casa de mi mamá no creían que eso fuera una profesión adecuada. A mí me interesaba mucho desde chico esta cuestión de las historias, un poco de anticipación acerca de tecnología. Mi película favorita de toda la vida es 2001 Odisea del espacio, de Stanley Kubric. Entonces me dijeron que si me gustaba eso, estudiara algo relacionado con la tecnología; y pues por ahí fue la presión y me decidí a estudiar la ingeniería y pues no me fue mal.

BM: Te graduaste con honores, ¿cierto?

AC: Sí, sí (risas). Pero ya después decidí que quería dedicarme a la escritura. Para cuando entré a la carrera, incluso ya tenía un libro publicado y algunas cosas localmente, en Toluca. De algún modo la ingeniería fue como una especie de incursión en otra cosa. No es como que empecé como ingeniero y luego me puse a escribir, sino que empecé a escribir y luego continué después de graduarme.

BM: Entiendo. ¿En qué momento dijiste “quiero dedicarme a la escritura al cien por ciento”? ¿Hubo algún momento en tu vida en que dijeras “ya, tengo que hacerlo”? ¿Te llegó la inspiración en algo que hiciste, algún libro o cuento, por ejemplo?

AC: Yo creo que tuve siempre la inquietud, desde la infancia en que supe que existían los escritores. Sin embargo, creo que el momento definitivo fue en los años 90, cuando decidí no solamente ponerme a escribir lo más que pudiera, sino que además salí de Toluca y me mudé para empezar de nuevo en la CDMX, donde resido actualmente.

BM: ¿Qué hubiera pasado si no te hubieras dedicado a la escritura? Si hubieras continuado con la línea de Ingeniería, ¿crees que Alberto Chimal estaría trabajando como ingeniero en sistemas en una empresa?

AC: Probablemente sí. Algo relacionado con sistemas administrativos o nóminas, probablemente. En realidad, aunque la carrera prometía mucho de desarrollo, investigación y creación de nuevas tecnologías, no había tantas oportunidades laborales. Probablemente habría sido necesario buscar alguna otra cosa si quería yo realizar esa aspiración. Estaría casado ya, tendría un par de hijos, quizás. Y bueno, estaría profundamente frustrado.

BM: ¿Aplicas en tus historias algo que aprendiste en la ingeniería?

AC: Yo creo que ciertas ideas que vienen como de la ciencia están en mi carrera de escritor. Varias de las nociones matemáticas y filosóficas que están en la base de los sistemas computacionales, son de por sí temas interesantes en la literatura, desde la epistemología, por ejemplo, o alguna clase de filosofía que tomé en la ingeniería, hasta una cierta consciencia de lo que puede hacer una tecnología digital, de cuáles son sus posibilidades y limitaciones, de cómo es posible interactuar con ella de una manera profunda e intrincada. La mayor parte de las personas que se encuentran con tecnología digital en nuestra época tienen una capacidad tecnológica muy baja, gente que no es capaz de manejar una interfaz de Facebook o que no distingue entre Internet y Facebook. En cuanto a mí, ya estaba yo prevenido de las dificultades que iba a tener la transición tecnológica cuando iban a empezar los 90s; eso me dio cierta ventaja y curiosidad para ver cómo podrían usarse esas herramientas no solo como temas, sino como utensilios en el proceso de la escritura.

BM: Platícame de tu más reciente libro, Alberto. ¿Podrías darme una pequeña sinopsis?

AC: El libro más reciente que se estrena en España y México en septiembre, lo publica la editorial Páginas de Espuma que es una editorial especializada en cuento, y se llama Manos de Lumbre. No sé si a ti todavía te tocó escuchar cuando una mamá regañaba a un niño al tirar un plato, por ejemplo, y le decía “¡tienes manos de lumbre!”. De ahí surge el título; es una serie de historias diferentes entre sí acerca de personajes que de alguna manera “tienen manos de lumbre”; que por imprudencia, vanidad, etc., rompen cosas a su alrededor y ocasionan daños para ellos mismos o para otros. Uno de los cuentos, por ejemplo, es acerca de una mujer que está en fase terminal de cáncer y se somete a un experimento para transferir su consciencia a una computadora. Para ese texto, y para las dificultades que vienen para los personajes a partir de los personajes de la protagonista, me puse a repasar varios temas de mi aprendizaje de ingeniería, me puse por ejemplo a releer a un científico y divulgador que se llama Douglas Hofstadter, quien desde los años 80 escribe sobre inteligencia artificial, sistemas de representación, modelos de la consciencia, etc.

BM: Suena increíble, Alberto. Nos va a dar mucho gusto leerlo. ¿Algún otro cuento acerca del que quieras platicarnos?

AC: Hay uno, por ejemplo, acerca de un plagiario. No un plagiario de personas, sino de textos. Ha habido casos durante los últimos años de autores acusados de plagio. En esta época en donde el plagio, engaño y falseo de la verdad son tan comunes, me parece un tema muy interesante, y creo que la figura del plagiario es una muy enigmática e interesante. Primero, se da a la tarea de robar un texto y no dar ningún tipo de reconocimiento, pero después, al ser descubiertos, he descubierto que los plagiarios siguen un proceso casi de manual: primero niegan que haya pasado, luego dicen que no fue para tanto, luego le echan la culpa a la víctima y luego intentan seguir adelante como si nada hubiera pasado. El personaje de mi cuento escoge textos de autores poco conocidos publicados con pequeñas editoriales y los saca en periódicos de renombre. En el cuento, el plagiario se encuentra con que alguien a quien plagió se vuelve muy reconocido de repente.

BM: Platícame ahora acerca de las minificciones. En tu página en línea (www.lashistorias.com.mx) , mantienes un concurso mensual de microficción, ¿cierto? ¿De dónde surge este interés por la microficción y qué se necesita para realizarla?

AC: El interés viene desde mi infancia, algunos de los libros que encontré primero en casa de mi mamá, incluían cuentos muy cortitos. El primero que identifiqué como tal es Confabulario, de Juan José Arreola, un autor muy interesante con narraciones breves. Desde entonces, me interesé por el género y lo desarrollé para algunos proyectos. Cuando salió la idea de hacer el sitio de Las Historias, en 2005, a mí se me ocurrió que sería interesante hacer alguna actividad que involucrara a otras personas. Mucho de lo que se publicaba en los blogs de aquel tiempo, eran más como anotaciones de diario. Como a mí no me interesaba mucho ese tipo de escritura, decidí iniciar el concurso de microficción.

BM: ¿Cómo fue que decidiste creas Las Historias, independientemente del concurso?

AC: A principios de este siglo, estaba increíblemente de moda usar los llamados “sistemas de manejo de contenidos” para crear blogs o páginas personales. Yo acababa de experimentar con uno por algún tiempo y tuve la idea de tratar de hacer un sitio que no parecía obligado pero sí relevante para usar las nuevas tecnologías; un sitio con cosas de mi interés y que fueran útiles, por lo que decidí dedicar el sitio completo a la narrativa. Hay el concurso, hay una antología virtual de cuento que he elaborado durante bastante tiempo, algunas vez tomando cuentos de otros autores, otras traducciones o escritos míos y, estos últimos años, una iniciativa que creé con mi esposa que se llama Raquel Castro que se llama #Escritura2018.

BM: El proyecto suena muy interesante, Alberto. ¿Podrías contarnos un poco más al respecto?

AC: Claro. #Escritura2018 es un proyecto para apoyar a gente que quiera hacer su propio libro. En mi sitio, en las redes sociales, en un canal de YouTube que se llama Alberto y Raquel Mx, donde damos consejos, transmisiones sobre literatura y otras cosas del estilo. Ambos pensamos que es muy importante ofrecer algún tipo de información valiosa al involucrarnos con las personas a través de redes sociales. Crear un tipo de comunidad y ofrecerles algo es muy importante para nosotros dos.

BM: Me parece interesante que nos cuentes la rutina de un escritor. ¿Cómo es tu rutina?

AC: En un día de descanso, salgo a desayunar con mi esposa y con frecuencia nos acompaña su papá. Luego vamos quizás al cine o a ver alguna película en casa. Los días de trabajo, por el contrario, son más apremiantes. Mi esposa trabaja en un archivo histórico, entonces todos los días se va y regresa hasta la tarde, mientras yo me quedo en casa. Habitualmente, me quedo en este espacio que es la sala/comedor o en un estudio, trabajando en alguno de los pendientes que tenemos. Siempre tenemos más de un proyecto en marcha, entonces si me bloqueo con alguno, me paso a otro. Tengo una serie de compromisos, sobre todo editoriales, como cumplimiento de contratos o proponer nuevas ideas para libros. Un buen día de trabajo, puede durar incluso hasta seis u ocho horas, aunque por lo general son menos porque se interrumpen al salir a comprar cosas, comer o realizar pendientes. La rutina definitivamente es muy variada, pero creo que es importante siempre, sin importar lo demás, escribir por lo menos una cuartilla al día. Escribir es una cosa que requiere entrenamiento, como hacer un deporte, y al hacerlo con frecuencia y constancia, se consigue un impulso que vuelve el oficio más fluido; si se pierde el impulso, no es raro encontrarse con bloqueos de escritor, por ejemplo.

BM: Por último, Alberto, ¿qué consejo le darías a los jóvenes con talento literario que tienen la pasión de escribir, pero no encuentran suficientes espacios u oportunidades?

AC: Yo creo que lo primero es que busquen las oportunidades disponibles. Revistas como Nudo Gordiano son precisamente una oportunidad para muchas personas porque son más asequibles y abiertas. Hay que buscar medios en donde dar el primer paso, que es la primera publicación. Por otro lado, lo más importante es tener algo que ofrecer a las publicaciones que ofrecen oportunidades; esto implica practicar, leer todo lo que se pueda, ir con constancia, disciplina y autocrítica y, principalmente, tener paciencia. Incluso las personas con ventajas sociales o de cualquier otro tipo, necesitan tener un texto que mostrar, y para tenerlo tienen que hacerlo. Un ejemplo que pongo con frecuencia es el siguiente: Si un día te habla tu editorial favorita y te ofrece hacer un tiraje de un millón de libros con una novela tuya, pero no tienes una novela escrita, ¿qué harías? Es importante escribir con frecuencia, mejorar, y siempre tener algo que ofrecer. Sin embargo, el proceso de la escritura no se basa únicamente en un producto final, como un manuscrito o un libro, sino que también incluye un proceso de familiarización con el lenguaje, que constituye un beneficio increíble pues nos ayuda a entendernos mejor a nosotros mismos, incluso si el producto final no se acabara publicando. Mucho de lo que yo hago de divulgación, por ejemplo, está dirigido a personas que no necesariamente quieren ser autores profesionales, sino que quieren acompañar su vida con la literatura como un pasatiempo, por ejemplo.

BM: Alberto, muchísimas gracias por darte el tiempo para platicar conmigo para Nudo Gordiano. Te deseo lo mejor con los proyectos que vienen para ti y para tu esposa. ¡Muchas gracias!

AC: Muchas gracias, Brian. Un gusto.

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