Clave de sol. Mi sueño, mi verdadero sueño. Mi más preciado y respetado sueño. Solo. Solo. Solo poder practicar, solo, tan, tan solo poder.

Clave de sol, por Neopeota en viejo York

Clave de sol. Mi sueño, mi verdadero sueño. Mi más preciado y respetado sueño. Solo. Solo. Solo poder practicar, solo, tan, tan solo poder. La mayor ofensa de unos padres es serlo, y sí, serlo así, así. Silencio jamás: fácilmente imitan esos niños un autista Pierrot Lunaire, porque son autistas, sí, la más grande pandilla de abortos no hechos a tiempo.

Clave de só, só, só caballo. Eso gritan. Seguro que la madre los deja montarse unos a otros, así aprenden el oficio. Clac. Claqué. Bailaría yo así sobre sus tumbas, sus tumbitas pequeñas, hechas a medida, sin barnizar y de planchas en una fosa común de ratas, porque la puta de su madre jamás ha abierto suficientes braguetas como para garantizarles a sus hijos una plaza en el camposanto y a la vez pagarse todos sus vicios.

Clave de sol. Respira. Eso es. Fluir, armonía. Espalda y piernas rectas. Un nuevo mundo. Escúchalas, esas sí, aunque mamá, ay mamá, ella nunca las quiso escuchar. Quería que yo activase su escucha, pero no quería escucharme. ¿Y entonces para qué, puta vieja? Veinticinco años de mi vida en esto. Mereciste el cáncer. Paz, paz y tranquilidad. Paz sobre la tumba de esa bruja.

Clave de sol. Todos iguales. Ella, mi madre, la de arriba. A todas les va lo mismo, a todas les irá siempre lo mismito. Nota nota nota nota nota. Ni armonía ni melodía. No hay música. Hay golpes, chillidos, berridos, qué gordo estoy, qué calvo. Calva ella y merecido. Clave de sol de sol de sol y de luna. Debí haber aprovechado y tomarla aquí. Lo haría delante de todos si pudiera, si la muy me dejara.

Clavos de sol. Lanzas que mataron a Dédalo en mi sien. Nota y nota. Luz y sudor y semen, abajo. Blancos dientes blancos como el esperma. Aporréalos como sabes, aporrea, pa, y no suenan como deben. Suena algo que no es. Alaridos, furor, odio. Eso debería sonar al golpear la boca de la vieja. Ahí tienes tu piano. Ahí tienes tu fracaso. Porque después de todo. Lo sabes.

Clavos de Cristo. No hay perdón, que significa que no lo quiero. Lo hay para ella, seguro, con el fagot haciéndola vomitar, hondo y grave, grave, pesado. Eso decía. Con eso en la boca no podrá decirlo más. No quiero el perdón de Cristo. Quiero mi clave de sol.

Llave del sol. A tres tiempos distintos y los mismos. Pescado como sus platillos, mi sudor. Lorzas. Los gorriones, los gorrioncillos. ¡No se preocupe, señora Ligera! Pase, adelante, pase con todos, seguro que caben. ¿Qué? ¿Eso que sus hijos están destrozando? Ah, debe ser mi piano, seguro que es mi piano y no el de mi amada madre. ¿Eso que pisan? No se preocupe, Sra. Ligera, es mi vida; ¡y ya ha sido pisada muchas veces antes! ¡Jajajajajajajajajajajajajajajajajajá! ¡Ríase, Sra. Ligera, como sus hijos! A lo mejor pronto deja de hacerlo.

Claves de Dios. Yo. Yo. Yo. Yo. Resfollar. Brutalidad. Orgía en las teclas. No hay paz. No habrá paz para los falsos músicos enfadados. Y más y más y más. Pegan, golpean. Ríen, gritan. Éxtasis, mística en el infierno. Vieja zorra. Vieja devorahombres y cigarros y whiskies y aplausos y negros. Haz algo bueno para mí por una vez en mi vida y mátalos.

Clave de sol. Vamos a ello.

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