Benjamín escribe sobre sí mismo

Aunque muy respetado, también fue vanidoso, obstinado y celoso de sus prerrogativas y reputación.

Todos relacionamos a Benjamin Franklin con un papalote en una tormenta eléctrica o con su rostro plasmado en el billete de cien dólares. Pero quizás pocos conocemos a detalle las increíbles hazañas de su vida. Fue un hombre renacentista en toda la extensión de la palabra, probando su suerte no sólo en la ciencia, la política y la escritura, sino también en la imprenta, los negocios, y como estadista y activista. Sin embargo yo discutiría que su cualidad más importante no es la de establecer un país y promover la ciencia, sino la de su constante necesidad de auto mejora.

Encontré su autobiografía en una pila de libros usados, con una etiqueta enorme en la portada en la que se leía “OFERTA”. Un dólar fue lo que me costó ese libro, que compré más por el precio que por un atractivo real a su contenido. Poco más de un año después decidí leerlo, motivada por un libro de rutinas de grandes mentes y escritores. En ese libro, uno de los capítulos detallaba la rutina diaria de Benjamin Franklin, la misma que él describía en su autobiografía.

Leyéndolo no te enterarías de sus inventos o de la ciencia, pero si te puedes dar una idea de quién era Benjamin como persona. Un personaje tan robusto en la historia de Estados Unidos no podía ser menos que un obsesionado con la productividad y el orden, tanto de su vida como de su actuar y su persona. Desde que iniciaba su día, se establecía una meta para hacer algún bien durante el día y dedicaba tiempo para su crecimiento y estímulo personal. A los 20 años desarrolló una lista de 13 virtudes en las que trabajaría metódicamente, siendo estas templanza, silencio, orden, resolución, frugalidad, industria, sinceridad, justicia, moderación, limpieza, tranquilidad, castidad y humildad. Encontrar un balance entre su vida personal y el trabajo no le fue fácil, pero su necesidad de estructura y virtud lo empujaban a intentar tomar las mejores decisiones, siempre alineadas con sus principios.

Sin embargo, hay que considerar a todas las autobiografías como escritas por un narrador poco confiable. Franklin, aunque escribiendo con honestidad, tenía un sesgo importante, y es que al final del día estaba escribiendo sobre sí mismo. A pesar de abiertamente aceptar sus errores y arrepentirse de algunas decisiones que tomó durante su vida, en general se dedica a escribir sobre la parte de su vida que a sus ojos es relevante, o incluso que le permite reafirmar las razones por las cuales logró lo que logró. Su autobiografía entonces, no es sólo su necesidad de inspirar y ayudar a otros a mejorar como seres humanos, sino también un forma de establecer su identidad en el imaginario colectivo. Es en ocasiones muy complicado no clasificar a otros seres humanos en casillas restrictivas para entenderlos fácilmente, pero aunque requiere más esfuerzo, no es tan difícil cuando nos dejamos sorprender a través de la lectura sobre la belleza de alguien multifacético, si consideramos que todos lo somos.

Lo que lo llevó a escribir sobre sí mismo de tal forma, también lo llevó a cometer errores que no podía aceptar porque no los veía como tal. En algún punto inclusive, la CIA detalló un documento en el cual acusaba a su enorme ego de haber arruinado una misión diplomática, en el cuál se lee que Franklin fue “ampliamente reconocido como estadista, científico e intelectual. Aunque muy respetado, también fue vanidoso, obstinado y celoso de sus prerrogativas y reputación.”. A pesar de eso, el valor de intentar la trascendencia es inherentemente humano, y en su honesta escritura hay valor, aún cuando el sesgo de sus experiencias lo haya nublado, como a todos nos sucedería.

En su biografía escribió: “aunque no llegué a la perfección que había intentado obtener tan ambiciosamente, me convertí, por la práctica, en un mejor y más feliz hombre del que habría sido si no lo hubiera intentado”. Así también, tenemos la posibilidad de leer sobre las vidas de otros y de inspirarnos a construirnos de la mejor forma posible, para intentar llegar, como dice Benjamín, a ser mejores y más felices que si no lo hubiéramos intentado.

Compartir:

Acerca de Fany Ochoa:

Descubre otras columnas:

Regina Freyman

Brujas santas

Ninguna figura encarna mejor el juicio pendular de la inquisidora historia que Isabel I de Castilla.