Deja que Tolstói te recomiende un libro

Me parece en este momento difícil pensar en una lista similar, y más aún con la perspectiva que la edad nos confiere.

¿En qué punto de nuestras vidas nos consideraríamos lo bastante bien leídos como para poder mirar atrás e identificar los libros que nos formaron? Uno pensaría que más cercano a lo que consideremos nuestra fecha final, aunque bien podríamos iniciar esa lista antes. En 1891, a sus 63 años, Tolstói escribió una carta a un amigo en la que incluyó una lista de libros que le habían causado gran impresión. Hace un pequeño prefacio a la lista escribiendo: “Te envío la lista que comencé, pero no terminé, para tu consideración, pero no para su publicación, ya que aún está lejos de estar completa”.

Tolstói divide su lista de lectura en cinco etapas distintas de la vida, comenzando con la niñez y terminando con su edad al momento de redactar la carta. Clasifica cada título como “bueno”, “muy bueno” o “enorme ”. Me encontré con dicha lista hace unos meses en que nada de mi librero me apetecía, y habiendo terminado de releer “La muerte de Ivan Ilich”, pensé en buscar recomendaciones del autor.

Comienza la lista con la etapa de la infancia hasta más de 14 años, en la que menciona como buenos a “Los 40 ladrones” y “Príncipe Qam-al-Zaman” de “Las mil y una noches”, así como “Napoleón”, el poema de Pushkin. A “La gallinita negra” de Pogorelsky la clasifica como muy buena, y como enorme menciona tanto la historia de José de la Biblia como los cuentos populares de Byliny. De los 14 hasta los 20 la lista es más amplia, y algunas de las menciones relevantes incluyen:

Bueno:

“La conquista de México” por William Prescott

Algunos cuentos de Nikolai Gogol, incluyendo “El Capote”

Muy bueno:

“Viaje sentimental” por Laurence Sterne

“Julie, o la Nueva Héloïse” de Jean-Jacques Rousseau

Enorme:

“David Copperfield” por Charles Dickens

“El viyi por Nikolai” Gogol

La lista incluye varios libros más de Jean-Jacques Rousseau y algunos otros autores rusos cuyas obras no han sido traducidas aún al español. Continuando con su lista, llegamos a la época entre los 20 y los 35 años, en los cuales, quizás por ser la época productiva, sus lecturas se concentran más en poemas y no señala ninguna obra como enorme. Declara como buenos los poemas de T. Tyutchev, Koltsov y Afanasy Fet, así como “El Simposio y el Fedón” de Platón y la “Ilíada y la Odisea”. Goethe con “Hermann y Dorotea”, así como Victor Hugo con “Nuestra señora de París” figuran como los muy buenos de la lista.

Victor Hugo vuelve a aparecer, pero ahora entre sus esenciales desde los 35 a los 50 años con “Los Miserables”, siendo este el único libro bajo el rubro de enorme. Vuelve a recomendar leer la “Ilíada y la Odisea”, pero sugiere que a esta edad es mejor leerlo del griego original, lo cual refleja la educación clásica de la época. Una mención notable es que menciona a las novelas de George Eliot, quien sabemos hoy en día era en realidad Mary Ann Evans; la autora escribió bajo un nombre masculino para asegurarse que sus obras fueran tomadas en serio.

La carta concluye, claro, con los libros que desde los 50 años hasta el momento de la redacción, consideraba él como relevantes para su formación. Vale la pena de esta lista rescatar los libros que consideraba como enormes, que incluyen “Los pensées” por Blaise Pascal, así como a Epicteto, Confucio, Mencio y Lao-Tse, reflejando así su inclinación hacia la filosofía y la religión. Con esta pensada sección de las distintas etapas de su vida, Tolstói nos declara el enfoque que su vida tomó con el paso de los años, con sus lecturas reflejando lo que necesitaba en cada periodo.

Me parece en este momento difícil pensar en una lista similar, y más aún con la perspectiva que la edad nos confiere. Sin embargo, a través de los ojos de Tolstói es que puedo no sólo agregar más libros a mi lista de libros por leer, sino darle más peso a mis lecturas. Invariablemente, lo que leemos forma parte de nuestra identidad, y la cadencia y enfoque que le damos no sólo nos guía, también es un honesto reflejo de quién somos o queremos llegar a ser. Tolstói moriría 19 años después de enviada esta carta, y no sabemos si en algún momento la llegó a concluir o modificar; pero gracias a los textos que le sobreviven es que podemos vislumbrar no sólo quién fue, sino por qué textos se dejó acompañar.

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