Escribirse a uno mismo

Parece que nuestras vidas son engullidas por el camino que nos intentamos pavimentar diariamente.

Parece que nuestras vidas son engullidas por el camino que nos intentamos pavimentar diariamente. Cuando menos nos lo esperamos ya pasó otro mes, otro año, otra vida. El estar presente y ser consciente de lo que nos sucede es poco común en esta época, y generalmente sucede cuando las circunstancias de la vida nos empujan a ello por un evento nos obligue a detenernos un momento y redefinir el camino. Esos breves momentos de lucidez son muy útiles para crearnos y hacernos crecer, pero si no los miramos directo a la cara, el tiempo terminará definiéndolos por nosotros.

En mis peores momentos intento poner en palabras lo que estoy sintiendo, intento vocalizar el proceso y encontrarle solución. No siempre, claro está, es fácil encontrar con quien conversar, en particular cuando no sabemos cómo describir lo que sucedió o cómo llegamos ahí. Por suerte, siempre ha estado a la mano un pedazo de papel y una pluma. Mantener un diario o únicamente usarlo para dilucidar por lo que estamos pasando es bastante útil, y la práctica constante nos ayuda a agudizar nuestros sentidos a que todos los detalles estén presentes para la próxima vez que lo necesitemos.

El por qué lo descubrí la primera vez que participé en una Feria de Ciencias, y entre los requisitos estaba presentar el día de la exposición tu bitácora de investigación. La compartía con mi equipo, y en ella escribíamos desde el inicio del proyecto todo lo que se fuera haciendo cada día. Los pasos en falso, los procesos logrados, las reglas de tres, los conteos celulares y las fórmulas y diluciones usadas en el experimento. Al final, la bitácora nos ayudó al redactar el texto para el póster presentado y, años después, cuando ya había olvidado los pormenores del proceso, tenerla a la mano me ayudo a redactar mi tesis con la que me titulé.

Grandes escritores han encontrado utilidad en escribirse a ellos mismos, describir sus días, sus procesos, sus ideas, planes y desilusiones. Susan Sontag, que entre sus muchos atributos están el ser escritora, ensayista y activista política, escribió que: “es superficial entender el diario como un simple receptáculo para los pensamientos privados y secretos de uno, como un confidente sordo, tonto y analfabeto. En el diario no solo me expreso más abiertamente de lo que podría hacer a cualquier persona: yo me construyo”.

Virginia Woolf por su parte, escribía diariamente, y en un futuro sería leída por Sylvia Plath, quien en su propio diario encuentra una conexión entre ambas: “Justo ahora recojo el bendito diario de Virginia Woolf […] ella resuelve su depresión por los rechazos de Harper (¡nada menos! ¡Y casi no puedo creer que los Grandes también sean rechazados!) limpiando la cocina. Y cocina abadejo y salchichas. Dios la bendiga. Siento que mi vida está vinculada a ella, de alguna manera”.

El ganador del premio Nobel, André Gide, escribió en su diario el por qué no puedes dejar las experiencias de tu vida a merced de tu memoria: “Un diario es útil durante las evoluciones espirituales conscientes, intencionales y dolorosas. Es cuando quieres saber dónde estás parado… Un diario íntimo es interesante, especialmente cuando registra el despertar de ideas; o el despertar de los sentidos en la pubertad; o bien cuando sientes que te estás muriendo”. Hablo por experiencia cuando coincido vocalmente con Gide, porque es cuando mantener un diario me ha ayudado más.

Por su parte, Steinbeck decidió usar un diario para registrar su proceso al escribir “Las Uvas de la Ira”, estableciéndose metas y permitiéndose procesar sus sentimientos de duda, miedo e inseguridad. A lo largo de su diario se dirige a sí mismo con la honestidad necesaria para mantenerse en camino, escribiendo que “uno nunca tiene ganas de despertarse día tras día. De hecho, dada la menor excusa, uno no trabajaría en absoluto”. Así que se obligaba día a día a escribir la cantidad de palabras establecidas, fueran buenas o malas.

Hacer de la escritura un hábito me parece importante, pero el resultado no tiene que ser leído por nadie más que por nosotros mismos. Los diarios de los escritores que he mencionado y de muchos más nos son interesantes por quienes son, ya que saber un poco más de ellos nos ayuda a conectar con sus textos. Pero esa calidad al escribir no es necesaria. Escribir para nadie más que para uno mismo le quita la presión al proceso, nos empuja a ser honestos y encontrarle sentido al paso del tiempo. Así que ya sea en un blog, un pedazo de papel, una libreta o una nota en tu celular, el único consejo realmente útil que puedo dar es que escriban como si nadie estuviera leyendo.

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