La generación perdida

Eventualmente esto fue lo que hizo que terminara el periodo de relevancia de la mayoría de estos autores.

En 1920, hace 100 años y justo después del término de la primera guerra mundial, comenzaba en Estados Unidos una nueva era de aparente prosperidad, mientras que algunas partes de Europa intentaban recuperarse de la catástrofe y en México inIciaba la Revolución. Pero aunque ahora miramos al pasado con la nostalgia de nunca haberlo vivido, los bulliciosos o locos años veinte -dependiendo de la traducción- dieron paso en ese país a la gran depresión y la autodenominada generación perdida. En donde vemos art decó, las flappers, el jazz y el charlestón, había una complicada red de pobreza y crecimiento industrial. Se comercializaron las primeras lavadoras y tostadoras para todos aquellos que pudieran accesar al crédito, al mismo tiempo que los granjeros quebraban después de haberse expandido a fin de producir suficiente para los soldados en guerra y que aquello ya no fuera necesario. A su vez en el Harlem el Nuevo Negro, como lo llama Alain Locke, se creaba, exigía sus derechos y que se reconociera su identidad, mientras el Ku Klux Klan crecía y alcanzaba los oídos de un país buscando ser genuinamente americano, lo que sea que eso signifique.

En medio de todo eso, los jóvenes americanos que crecieron con la guerra y la experimentaron, respiraban un aire diferente y de desilusión. Como describe Frederick Lewis Allen: el espíritu general era de “beber, comer y gozar porque mañana moriremos”, que es justo lo que relacionamos con la época. Inclusive, el recuerdo desgastado de El Gran Gatsby que se populariza en la actualidad es más de la idealización de la decadencia y consumismo, en vez de lo que intentaba Fitzgerald con la novela, relacionar lo brillante de la riqueza y el intentar perseguirla con falta de moral, corrupción y muerte.

La historia del nacimiento del término es bien conocida, con Gertrude Stein escuchándola de boca del dueño de un garage a su empleado, y con Hemingway popularizándola en su novela Fiesta. La frase representa todo con lo que esta generación de escritores se identificaba. Huyendo de la necesidad americana de encontrar algún orden legislado al estado post-guerra, se encontraron en París en donde formaron sociedades de escritores y artistas. Su principal móvil era la brutalidad y la violencia que habían presenciado, el sentimiento compartido de que la guerra y la muerte eran estos monstruos gigantescos que no habían servido para nada, la desolación y cinismo que esto causó, y los recuerdos de los hombres y mujeres que murieron asesinados por el enemigo, pero más de aquellos que murieron en las trincheras por infecciones de piel y enfermedades propagadas por la humedad y suciedad de la experiencia.

Ser un adulto jóven americano en esta época, hubieras o no peleado en las trincheras, era justo de lo que estos autores escribían. Principalmente reconocemos a F. Scott Fitzgerald, Ernest Hemingway, T. S. Eliot y John Dos Passos con el término, pero había muchos otros escribiendo sobre la época, como John Steinbeck, e. e. Cummings, William Faulkner, Edna Ferber o Sylvia Beach, hubieran o no estado en París. Este tiempo en sus vidas dio pie a la creación de grandes novelas como la ya mencionada El Gran Gatsby de Fitzgerald, Adiós a las Armas de Hemingway, Tierra Baldía de T. S. Eliot o Mientras agonizo de Faulkner. Estas novelas marcaron la época de los lectores de habla inglesa y crearon misticismo alrededor de sus escritores, dándole sentido a toda una generación que no podía expresar por lo que había pasado, pero también atrayendo a muchos a querer formar parte del momento aunque no tuvieran cabida. Eventualmente esto fue lo que hizo que terminara el periodo de relevancia de la mayoría de estos autores.

El estilo de vida bohemio y de lujos de los expatriados se volvió fascinante y atractivo, haciendo que muchos quisieran seguir los pasos principalmente de Hemingway y Fitzgerald. Estos, con los años de fama y tener la equivalencia de dólares americanos a la devaluada moneda francesa, habían llegado al punto hedónico de embellecer la auto destrucción y de promover el consumismo, punto contrario al que intentaban llegar con sus escritos, y que a la larga nos entregó la imagen que seguimos venerando de la época. Durante los veintes eran reconocidos como los mejores de su época, citados e idealizados al punto de la imitación, pero eventualmente con la llegada de la gran depresión, otro libro más sobre la guerra ya no era relevante: el enemigo estaba en casa y no llevaba un arma, pero había dejado a millones en las calles y con hambre.

Como la generación perdida, ha habido muchos a los cuales las tragedias de la humanidad han impulsado a escribir, hasta cierto punto en comunidad, para intentar esclarecer el momento y entender sus experiencias; esta no fue la primera ni sería la última vez que gran arte surgiera a partir del horror de la guerra, decidir si esto es buena o mala fortuna depende del lector.

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