Sobre Amparo Dávila

Es difícil escribir terror de una forma creíble, y más en el formato de cuento.

Es difícil escribir terror de una forma creíble, y más en el formato de cuento. El pasado 18 de Abril el mundo de la literatura mexicana perdió a una gran escritora, la cuál había sido galardonada durante su vida por su prosa y contenido literario. Sus singulares historias exploran la ambigüedad en lo siniestro, apelando a que se desate la adrenalina por nuestro cuerpo al leerlas. Al conocer poco de la autora, decidí investigar más al respecto, y qué mejor que de la mano de mi gran amiga, escritora y psicóloga. María Rosa Rodríguez Quintana estudia actualmente la maestría en Estudios Literarios, y su tesis gira alrededor de la escritora. Mi meta es que tanto ustedes como yo conozcamos un poco más de esta gran figura.

Fany: Me gustaría empezar preguntándote sobre lo que hace a Amparo Dávila la escritora reconocida que es.

María Rosa: La manera en que configura la atmósfera siniestra en sus cuentos, la facilidad con la que es capaz de generar terror desde un primer momento, y el manejo perfecto y casi demoniaco que tiene de la ambigüedad para no dejar espacios vacíos, pero tampoco definir seres o personajes que dejan al personaje perplejo e incapaz de darle forma y sentido objetivo, orillándolo a representar lo ausente con temores propios.

F: Encuentro las historias de terror que juegan con nuestros propios miedos, aún sin mencionarlos, las más intensas. ¿Cuál considerarías que es el enfoque principal de su escritura?

MR: Aunque ella es conocida popularmente como escritora del género fantástico, la realidad es que ella lo negaba. Incluso, en una entrevista ella mencionó que se trataba más bien de la otra cara de la moneda. A mi entender, al conocer su obra se puede pensar que esa otra cara puede ser la locura, en la que la realidad se ve distorsionada, pero no deja de ser la realidad propia del sujeto; también se puede ver como los elementos que comúnmente no vemos como podrían ser fantasmas, etc. Lo más importante, a mi parecer, son las emociones y situaciones que llevan a los personajes a la locura, al desequilibrio, al dolor y aquellos símbolos con los que los representa.

F: Ya que hablamos de la locura en sus historias, ¿cuál dirías tú que es el tema que suele explorar?

MR: Yo diría que la angustia. Podría asegurar que la angustia está presente en todos y cada uno de sus cuentos. El detonador varía dentro de los elementos del terror como podrían ser monstruos humanos, monstruos no humanos, peligro, dudas, miedos o cualquier amenaza. La cuestión aquí es que el lector recorre, junto con los personajes, situaciones terroríficas que pueden variar dentro de lo que por sí mismo es monstruoso o por lo que provocan en un ser humano.

F: Yo únicamente he leído “El Huésped”, así como tu artículo analizando la historia desde el psicoanálisis. ¿Qué cuento me recomiendas y a los lectores de esta columna para comenzar a leerle?

MR: “El Huésped” es el cuento más conocido de la autora zacatecana. Sin embargo me gustaría recomendar, si quieren solamente asomarse sin atreverse a aventarse de lleno a comprar su libro de obras completas, que empiecen por un cuento de una cuartilla y media. Se llama “Alta Cocina” y me parece un texto perfecto que la representa. Trata de un hábito familiar que consiste en preparar un platillo que atormenta al protagonista. Digo que es una representación a escala de la escritura de la autora porque rige la angustia, hay sobrepensamiento del personaje, ambigüedad respecto al platillo mismo y otros elementos que se presentarán constantemente en el resto de sus cuentos como la importancia que se le da a la mirada, a los ojos mismos, a la culpa y a las emociones en general.

F: Al ser ella mujer, me queda la duda: ¿cómo representa a las mujeres en su escritura?

MR: Esa es una pregunta interesante porque le han adjudicado el término de “escritora feminista” y ella lo niega. Sin embargo se muestra un tanto el empoderamiento de la mujer y las situaciones por las que desgraciadamente era -en su época- o sigue siendo común que pasáramos. Hay mujeres maltratadas, mujeres que sufren infidelidades, que se sienten vulnerables, que deben reprimir su sexualidad y terminan enloqueciendo. Al leer su obra se nota, en el fondo, cómo era el ideal, el deber ser de una mujer, aunque sus personajes lo rompan. Es ahí la cuestión, mujeres que matan, mujeres que enloquecen para evitar esa realidad, mujeres que destruyen aquello que las está amenazando. Aquí también es importante mencionar que la mayoría de sus personajes son femeninos, sin embargo también hay protagonistas masculinos en su obra.

F: He notado con algunas escritoras clásicas que la forma que encuentran para escribir el hartazgo de las mujeres con su situación es justificándolo con locura, para no irrumpir en la moralidad de la época. Podría sentirse limitante, pero a mí siempre me resulta fascinante y liberador que dentro de sus restricciones encuentren catarsis. 

MR:  Sí, claro. La locura podría ser un escape de llevarlo a cabo sin parecer loca en la realidad y no hay que dejar de lado que la escritura es sublimación, así que también es una manera de liberación para la misma escritora.

F: Finalmente me gustaría preguntarte sobre su legado. ¿Qué crees que deja Amparo Dávila tras ella?

MR: Deja muchísimo. Además de la maravillosa obra de arte que creó con cada uno de sus cuentos, dejó una nueva visión de la realidad, esa idea de aceptar otra realidad que se nos escapa de las manos, que nos aterra, que cambia de sentido y forma, que no se comparte con quienes están en el mismo tiempo y espacio, pero que sigue siendo una realidad y que no es caer en lo fantástico.

Como siempre, la muerte ajena nos invita a reflexionar de la propia. La lectura nos da la oportunidad única de vivir cien vidas y cien horrores, pero también nos permite mantener viva la memoria de alguien. Aunque ya no nos acompañe, Amparo Dávila como todos los escritores que han fallecido, no dejarán de existir mientras continuemos leyendo sus obras y adoptando sus mundos. Su legado principal está en nosotros y hay que cuidarlo hasta la locura.

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