Virginia Woolf escribe sobre las hermanas Brönte: parte I

Cuando Charlotte Brönte cumplió 100 años, una crítica literaria decidió escribir una ensayo analizando la obra más famosa de la autora, ‘Jane Eyre’, junto con ‘Cumbres Borrascosas’ de su hermana, Emily Brönte. La escritora de este ensayo, publicado en The Times Literary Supplement, se maravillaba de la corta vida de Charlotte y de su proeza literaria. Esta autora era Virginia Woolf quien, para 1916, el momento de la publicación del artículo, aún no era reconocida por sus propias obras.

Cuando Charlotte Brönte cumplió 100 años, una crítica literaria decidió escribir una ensayo analizando la obra más famosa de la autora, ‘Jane Eyre’, junto con ‘Cumbres Borrascosas’ de su hermana, Emily Brönte. La escritora de este ensayo, publicado en The Times Literary Supplement, se maravillaba de la corta vida de Charlotte y de su proeza literaria. Esta autora era Virginia Woolf quien, para 1916, el momento de la publicación del artículo, aún no era reconocida por sus propias obras.

En uno de sus párrafos iniciales escribe: “[Charlotte] podría haberse convertido, como algunos de sus famosos contemporáneos, en una figura con la que nos encontráramos familiarmente en Londres y en otros lugares, objeto de innumerables imágenes y anécdotas, autora de muchas novelas, posiblemente de autobiografías, alejada de nosotros en la memoria de la mediana edad en todo el esplendor de la fama establecida”. Se imagina lo rica o próspera que pudiera haber sido si su vida no hubiera terminado gracias a la tuberculosis.

Pero continua, hablando de lo que como lector podrías pensar esperar al abrir las páginas y disponerte a leer ‘Jane Eyre’: “Al abrir ‘Jane Eyre; una vez más, no podemos sofocar la sospecha de que encontraremos su mundo de imaginación anticuado, a mediados de la época victoriana y desactualizado como la casa parroquial del páramo, un lugar que solo deben visitar los curiosos, solo conservado por los piadosos. Entonces abrimos Jane Eyre; y en dos páginas se borran todas las dudas de nuestra mente”. ‘Jane Eyre’ no es mi libro favorito sólo por su relevancia histórica o nuestro conocimiento de el por llevar el título de uno de los grandes clásicos. Es mi libro favorito por la profundidad y la frescura de una historia escrita hace ya tantos años.

Woolf está de acuerdo conmigo, y continua escribiendo que “al final estamos empapados de la genialidad, la vehemencia, la indignación de Charlotte Brönte. Rostros notables, figuras de fuertemente trazadas y rasgos retorcidos nos destellan al pasar; pero es a través de sus ojos que los hemos visto”. Su voz, la voz de Charlotte es única y fluye con la historia de una manera muy honesta. Woolf prosigue apreciando la prosa de Charlotte, pero reconociendo que no viene del estudio de la literatura o de la necesidad de crear un personaje eterno.

Escribe: “[…] leemos a Charlotte Brontë no por una observación exquisita del carácter: sus personajes son vigorosos y elementales; no para la comedia, su historia es sombría y cruda; no para una visión filosófica de la vida: la suya es la de la hija de un párroco; sino por su poesía”. Su forma de evocar al clima y a la naturaleza para describir lo que sentían los personajes, liberándose con la prosa de la rigidez de la poesía, pero sin perder la cadencia.

Aunque difiero de Woolf en la profundidad de Jane Eyre como personaje -ya que mucho más se ha estudiado hasta nuestra época sobre las diferentes interpretaciones de una aparente historia de amor-, coincido con que la prosa de Charlotte es lo que salta a la vista, haciéndonos caer en su historia. ¿Pero cuál era el punto de escribirla? Woolf teoriza que “el significado de un libro, que a menudo se encuentra al margen de lo que sucede y de lo que se dice y consiste más bien en alguna conexión que cosas en sí mismas diferentes han tenido para el escritor, es necesariamente difícil de comprender. Especialmente esto es así cuando, como las Brontë, el escritor es poético, y su significado es inseparable de su lenguaje, y en sí mismo es más un estado de ánimo que una observación particular”.

La escritura de Charlotte te hace sentir profundamente. Te lleva magistralmente de la mano a través de la transformación de Jane, de una huérfana necesitada de adaptarse para sobrevivir, hasta la culminación de su lucha por independencia y la libertad de ser feliz bajo sus propios términos. Evidentemente, Charlotte logró en Woolf lo que ella logró después en tantas otras escritoras y lectores. Así como sucede en la ciencia, la literatura también depende de que nos paremos sobre hombros de gigantes.

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